domingo, 22 de enero de 2012

El curioso síndrome de la ventana rota

En el año 1969, en la Universidad de Stanford (EEUU), el Prof. Philip Zimbardo realizó un singular experimento de psicología social. Dejó dos autos abandonados en la calle, dos autos idénticos, la misma marca, modelo y hasta el color. Uno de estos vehículos lo dejó en el Bronx, para ese entonces una zona pobre y conflictiva de New York y el otro vehículo en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California.

Resultó que el auto abandonado en el Bronx comenzó a ser bandalizado en pocas horas. Perdió las llantas, el motor, los espejos, el radio, etcétera. Todo lo aprovechable se lo llevaron, y lo que no pudieron llevarse lo destruyeron. En cambio el auto abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto.

Sin embargo, el experimento en cuestión no finalizó ahí, cuando el vehículo abandonado en el Bronx ya estaba deshecho y el de Palo Alto llevaba una semana impecable, los investigadores decidieron romper un vidrio del automóvil de Palo Alto, California.

El resultado fue que se desató el mismo proceso que en el Bronx de New York y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo a la misma condición de deterioro y destrucción que el del barrio pobre. ¿Por qué el vidrio roto en el auto abandonado en un vecindario supuestamente seguro es capaz de disparar todo un proceso delictivo? Entonces, no se trata de pobreza. Evidentemente es algo que tiene que ver con la psicología, el comportamiento humano y con las relaciones sociales.

Un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de deterioro, desinterés, despreocupación que va destruyendo los códigos de convivencia, tales como la ausencia de ley, de normas, de reglas, dejando la sensación de que todo vale nada. Cada nuevo ataque que sufrió el auto reafirmó y multiplicó esa idea, hasta que la escalada de actos, cada vez peores, se vuelve incontenible, desembocando en una violencia irracional.

En experimentos posteriores (James Q. Wilson y George Kelling) desarrollaron la 'teoría de las ventanas rotas', la misma teoría que desde un punto de vista criminológico, concluye que el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son mayores. Si se rompe un vidrio de una ventana de una casa y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás. 



Una premisa sencilla y directa que el célebre ex Alcalde de New York puso en práctica. Giulani incluyó esta teoría en su programa electoral y la puso en práctica persiguiendo las transgresiones menores como los grafitos, pequeños hurtos, viajar sin pagar el billete, detener a la gente que se colaba en le metro… Especial relevancia tuvo el último caso. El Alcalde encargó a su jefe de policía, un tal Howard Safir, que detuviese a todas aquellas personas que se colasen en el metro, sobre todo aquellas que lo hicieran de una manera brusca (es decir, corriendo y saltando la valla). Los índices de delincuencia bajaron casi un 40%, dándose la circunstancia de que muchas de estas personas que se colaban en el metro habían cometido un delito antes.